Faltaba él, el más grande, tenía que poner su toque personal. No pudo resistir la tentación de superar a Arias-Cañete. Alperi pensó: que Arias-Cañete dijo esa burrada???? YO MAAAAAÁS!!!!!, se levantó de un salto de su sillón de cuero, se puso la chaqueta y se dirigió al salón donde se iba a celebrar ese pleno, que entraría a formar parte de la historia. Iba con la cabeza alta y la barriga hermosa, se había puesto su mejor perfume, se había peinado hacia atrás con gomina, para dejar su frente limpia, amplia, brillante. Con sus andares pendulantes llegó al sillón que preside la sala plenaria, el que el pueblo le había otorgado. En su cabeza aun se oía el clamor de la ciudad, recordando su triunfo. Ese recuerdo le hacía más patente la responsabilidad de su cargo y, por tanto, de sus palabras.
Se inició el pleno, se debatieron varios temas que Alperi pasó de puntillas, o más bien con una suficiencia que puso a cada uno en su sitio. Dirigió esa asamblea con mano de hierro, ordenó a la perfección los turnos de palabra. Se aprobaron cosas, se echaron abajo otras propuestas, todo discurrió con normalidad.
Alperi estaba allí, pero su cabeza estaba trabajando en otro tema, estaba dando forma a un argumento que iba a dejar a la opisición sin palabras, estaba gestando un arma infernal, un maquiavélico plan dialéctico, iba a acorralar al adversario. Pasaron los minutos entre debates, normativas, números, las cuentas locales, pero el alcalde sólo tenía en su cabeza una cosa: yo puedo superar a Arias-Cañete, esa frase se repetía de manera insistente en su cabeza, era ya una obsesión, el espíritu competitivo lo estaba invadiendo.
Llegó el momento de la verdad, respiró profundo, dirigió la mirada al infinito, o quizás a la foto del Rey colgada de la pared, como diciendo: Va por usted Majestad, las manos le sudaban, se aflojó el nudo de la corbata, volvió a respirar hondamente y dijo: Muchos inmigrantes tendrán que delinquir cuando la construcción falle. La cara de estupefacción era generalizada entre los asistentes. Miró al frente y al ver esas caras, supo de su victoria, se vió triunfante una vez más, era un genio, un crack, un fenómeno de la política.
Así, de esta manera, entró Díaz-Alperi en la disparatada historia política de España, lo había conseguido, era más zeporro que Arias-Cañete. Todo su partido lo felicitaba ante tal azaña, ya habían conseguido el podio de las burradas: 1º Diaz-Alperi, 2º Arias-Cañete, 3º Font de Mora.
Lo habían ganado todo, entre los inmigrantes y las lenguas extranjeras, eran geniales, eran.....algunos hombres buenos.
viernes 15 de febrero de 2008
ALPERI VS ARIAS-CAÑETE
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